Ayer en el gremio. La lucha es ahora y es colectiva.
Para hablar del viento / habrá que convencer a los álamos de su existencia.
Me pediste que no mencionara la palabra amor, pero puedo hablar del sauce que crece en el desierto. Su raíz es profunda y siempre está buscando algo de agua. Sus hojas, verdes y onduladas, resisten cualquier tempestad. Buscan el Sol.
Me pediste que no mencionara la palabra amor, pero puedo hablar de los pajaritos que se posan en mi corazón y escriben tu nombre.
Tengo la impresión de que mi amigo Zippo me envía fotos de discos para que yo le haga una reseña y la remate con un buen chiste. Siempre es así. Ayer me compartió la portada de Iorio Flavio y le dije que, de la extensa obra de Iorio, esa era la más patagónica. Le di mis razones. Después recordé que estaba paseando por Córdoba y le advertí: "Tené cuidado, mirá que son todos medio Sabina por allá".
En la última marcha, el querido Ernesto se acercó y me regaló la portada de Riff VI, mi disco preferido de Riff. "Para el poeta más ricardero del país", me dijo. Se ve que le quemé la cabeza hablándole de esas canciones. Me gusta mucho hablar de música, de discos, de recitales, de la obra de Ricardo Iorio.
Gracias, Zippo querido, el hombre de la tertulia infinita. Así le digo yo.
https://www.youtube.com/watch?v=JQvr5rJbUrA
Tuve una sensación tan linda cuando Graciela, mi compañera feriante, me llamó y me dijo: "Nene, estás muy parecido a tu papá". Nunca nadie me lo había dicho. Y casi no conozco personas que lo hayan conocido. En cambio, con mi hermano es distinto, siempre me encuentro con personas que lo conocieron y me hablan de lo bueno que era, de su sonrisa. También mi compañera me preguntó si supe algo de qué le podría haber pasado. Resignado, le dije que no, que nunca se supo nada. "Eras muy chiquito", me dijo. Esa tarde volví conmovido como cuando conocí el lugar exacto donde mi papá se había tomado una foto tan hermosa en el mar del río Grande. El mar de papá.
Me gusta acostarme y levantarme muy temprano para salir a pedalear, al otro día, con esa energía que te regala la mañana. Además, es la hora en que no sopla tanto el viento. Estos últimos tres días pude hacer cincuenta kilómetros por la Ruta 3, camino a la Virgencita. Digo cincuenta kilómetros y aún no lo puedo creer. Ahora que aprendí a andar sin manos, el recorrido es distinto. Se volvió más liviano, más libre. Voy escuchando música, voy cantando. A veces es solo una canción que la repito una y otra vez.
https://www.youtube.com/watch?v=teprNzF6J1I
A esta altura de mi vida, mis asados salen de taquito. Soy bueno, lo admito. Era muy chico cuando me hice cargo de la parrilla. No existían ni YouTube ni tutoriales. Ni un tío bueno, nada. Lo mío fue una operación a corazón abierto.
Hasta podría darme el lujo de dar algunos consejos, que son muy sencillos. Ahí van: lo primero es elegir buenos cortes, variados. Para esta época del año, lo mejor es el famoso corderito patagónico. Un elixir, diría el Coco Basile. Pollo, vaca, chorizos, morcillas, chinchulines. Lo que venga.
Para encender el fuego, una hoja de diario, cartón y un cajón de madera, de esas en las que viene la fruta. Con los años, descubrí que la madera de obra es lo más. En mi caso, como somos pocos, con una bolsa de carbón, está bien. Mi cálculo es el siguiente: un kilo de carbón por un kilo de carne, un kilo de carne por persona. Los carbones más grandes son los que nos van a servir. Una vez que están hechas las brasas, en unos veinte minutos, separás las que vas a usar y el resto, las dejas a un costado. Limpiás la parrilla, con una hoja de diario y un trozo de grasa y la ponés a las brasas. Ese es el momento en que hay que salar la carne. Sal gruesa, en lo posible.
La cocción es de una hora (treinta minutos de cada lado). Puede ser un poco más, pero no tanto. No hay que apurarlo ni darlo vuelta a cada rato. No, eso no se hace. Repito: treinta minutos de cada lado y listo el pollo (o el cordero, en este caso). Hay un mito que dice que a fuego lento se asa mejor, pero eso es en caso de un lechón, no de un cordero a la parrilla.
Una vez que está listo, lo servís en una parrilla de esas que podés poner algo de brasa. Esto hace que el asado llegue chirriando. Y si tenés platos de madera, es aún más rico, para que le pases el pan luego.
No sé si lo leí en algún lado o lo inventé, pero el asador nunca debe sentarse. Tiene que comer parado y estar atento. No sé si está bien decirlo, pero disfruto mucho comer con las manos.
Y cuando todo sale bien, queda el gesto final, el que justifica la ceremonia: el aplauso para el asador.
Me despido de este año y recibo el 2026, agradecido.
Chin chin.
https://www.youtube.com/watch?v=-cd2i6yqzko
Gracias, Gianella y Tomás.
Me declaro su fan.
https://www.youtube.com/watch?v=sruFFe-qKrw
Lo que más recuerdo de esta época del año, con respecto a mis años de trabajo en el comercio, es el cansancio con el que terminaba. La gente, no sé ahora, compraba de manera compulsiva. Había algo así como una desesperación por los regalos, la comida. Recuerdo los autos mal estacionados, en doble fila, los bocinazos. Mucho ruido y yo ahí, con mis tarjetas de estacionamiento medido. No sé si todo eso, de alguna manera, hizo que mis Fiestas fueran así, austeras. Llegaba tan cansado a casa que lo único que deseaba era dormir y despertar al otro día para hacerle el asado a mi familia, pero esa, esa es otra historia.
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| La Cabrita del Viento en modo Navidad |
Hace 19 años. Es lindo recordarlo, nombrarlo, celebrarlo. Aquí y ahora.
https://www.youtube.com/watch?v=VlTxSlF64rU&t=2s
https://www.youtube.com/watch?v=IThO4Zrtc9Q
Pappo, mi maestro zen del Bicentenario. El Profeta, diría Khalil Gibrán.
https://www.youtube.com/watch?v=Dt7mxCTgMEg
Mañana comienza una nueva edición. Esta vez, como el año pasado, estaré participando con mi propio stand. No quería dejar pasar la oportunidad de agradecerle a Pajarito, maestro librero, quien entonces me dio la posibilidad de trabajo, que marcaría aquel año y el siguiente.
El tiempo pasa y las cosas van cambiado, pero los libros siguen siendo un lugar habitable.
Los espero.
Mis viernes son especiales, es el día que trabajo en mi barrio. Mis alumnos no habían nacido cuando empecé a construir mi casita, a solo dos cuadras. Todo lo que sucede ahí me conmueve. Algunos van en bicicleta, otros llegan acompañados de sus perros. Hay gorriones jugando, siempre. Ese lugar, que era un desierto, ahora es mi pueblito.
https://www.youtube.com/watch?v=AWTLuT1Rq7U
Después de mucho insistir, pude subir las rampas de los puentes de la autovía sin tener que hacer ese parate obligado. No fue una hazaña, pero sí una pequeña victoria: la de volver a confiar en el viento.
Celebro mis primeros cuatro años de pedaleadas. Lo que se hace por amor, perdura. Gracias siempre, Cabrita del viento.
https://www.youtube.com/watch?v=v2sRRZofpn0
Si hay algo que me gustaría llevarme al otro lado, sería mis entradas plastificadas de las veces que fui a los recitales de Almafuerte. La primera vez fue en junio de 1996 en Gallegos. También los vi en Comodoro y la última vez fue en Calafate. Y esa noche, supe que sería mi último recital metalero.
https://www.youtube.com/watch?v=yA9oIq65pQM
Me gusta pensar este espacio como un híbrido: un lugar donde se mezclan poemas, canciones, reflexiones sobre la escritura, pequeñas escenas de lo cotidiano y en este último tiempo, sobre todo, fotografías. Muchas fotografías.
Ya no escribo como antes, pero fue hermoso haberlo hecho casi a diario. Cuando no tengo nada que decir, no escribo. Es así. También el silencio me acompaña.
Si Internet lo permite, si no hay reseteo universal, seguiré pasando por aquí. O, mejor dicho, paseando por aquí.
Hoy este blog cumple diecisiete años, coincide con la entrada dos mil setecientos. Gracias a quienes siguen asomándose a la tranquera.
Chin chin.
https://www.youtube.com/watch?v=wIpmI3xQyNs