miércoles, 18 de mayo de 2022

Mientras espero Todo se quema, el nuevo disco de León Gieco, comparto una fotografía de fan del 2004 junto al gran Luis Gurevich, luego de un hermoso recital en el Estadio Municipal de Calafate. 
Para quienes no lo conocen, Guro es el socio compositivo de León. Lo acompaña desde el disco Mensajes del alma (1992). Sí, hace 30 años. Compuso la música de obras cumbres como Todos los días un poco, Cinco siglos igual, Río y Mar, Maestras de Jujuy, Como un tren, Puño loco, Bandidos rurales, De igual a igual, El ángel de la bicicleta, Los guardianes de Mugica, etc. La lista para compartir es infinita, pero me quedo con una de mis preferidas, en una interpretación bellísima:

lunes, 16 de mayo de 2022

Junto a la publicación de Sábanas de viento, mi primer libro, en el 2006, también empecé a desarrollar mi trabajo junto a los niños, en muchos barrios de la ciudad. Me gusta eso de "itinerante", me diría una compañera. Además, y en la misma sintonía, empecé a hacer el mismo trabajo en el sindicato de empleados municipales, en mayo de 2012. Con motivo de los 10 años de trabajo allí, la página del gremio hizo una publicación, a modo de reconocimiento, que me llenó de emoción. Tuve la oportunidad de leer cada comentario y no tengo más que palabras de agradecimiento a cada compañero. Realmente me conmovió. Mencioné lo de mi primer libro porque, paradójicamente, las personas que conocí por la poesía casi no saben de qué trabajo y viceversa: los compañeros de trabajo no saben de mi quehacer poético. Me gusta que sea así. Quiero decir que el mismo amor y respeto que siento por la poesía trato de traducirlo todos los días en mi trabajo. Por eso estos reconocimientos son tan lindos. 

domingo, 15 de mayo de 2022


Esta hermosa antología, de la que formo parte en representación de Santa Cruz, se presenta hoy en la Feria del Libro de Buenos Aires.

domingo, 8 de mayo de 2022

Me gusta llegar temprano, ordenar el aula, subir la calefacción. Poner la fecha en la pizarra; dejarle a cada uno su diccionario en la mesa. Esperarlos en la puerta; charlar un rato con los padres. Luego, cuando terminamos las tareas, espero que los vengan a buscar y vuelvo a casa, atravesando el viento y la ciudad. Vuelvo contento. No lo digo muy seguido por aquí, pero me siento bendecido por estos hermosos diez años de trabajo en el gremio, junto a los niños.

martes, 3 de mayo de 2022

Nací una madrugada de mucho frío en Río Gallegos. Tercero y último hijo de un matrimonio de laburantes (mapuche huiliche hasta los huesos). Casi no conocí a mi padre, pero siempre lo he extrañado. Comencé a escribir poemas a los 18 años y nunca dejé de hacerlo. La poesía me salvó la vida, literalmente. Antes de eso, jugaba todo el día a la pelota en calles de tierra; me sentía tan libre como Diego en el ´86. Me gustaba andar solo también. A los 25, mientras estudiábamos el magisterio, me enamoré de la chica más linda del mundo. Desde aquella tarde, nunca dejé de escribirle poemas, cartas. Ella me enseñó que los álamos cantan en el viento, que con una canción la tristeza puede ser más hermosa. Estoy aprendiendo a no llorar tanto, a recordar a mi hermano con alegría. Soy de los que cruzan los puentes a las dos de la mañana. Mi sueño es fotografiar el viento.

https://www.youtube.com/watch?v=ezlpwCLgiE8