viernes, 4 de julio de 2014

No cierres tanto la boca, nochecita. Han roto las puertas de tu casa y aún no te encuentran.

jueves, 3 de julio de 2014

Éramos tan teóricos que, cuando nos encontramos, nos fuimos con las manos cambiadas.

miércoles, 2 de julio de 2014

La diferencia entre método y pensamiento es como escuchar en la radio que va a haber veinte grados sobre cero, salir en remera y pantalón corto y comprobar que afuera, de todas maneras, hace frío.

jueves, 19 de junio de 2014

Lo que se puede escribir
y lo que todavía.

miércoles, 18 de junio de 2014

Salir y convertir al viento, en una canción de Pink Floyd.

martes, 17 de junio de 2014

Con recuerdo y sin él, como encender una palabra en el lugar equivocado.

lunes, 16 de junio de 2014

Lo que le queda al desierto es el poder de los sueños: la caída de la nieve sobre lo que se creía perdido. Su silencio ahora es de barro.

jueves, 5 de junio de 2014

Nos han contado la historia sin ojos, la del cielo acostumbrado a ser cierto, la de correr sin perder el equilibrio; la del pan nuestro de cada día.

miércoles, 4 de junio de 2014

Lo que el poema no puede nombrar, lo canta la piedra. En todos los mares, hay piedras que lloran.

martes, 3 de junio de 2014

Su pelo se perdía en el viento
como cielos al borde de la hoja.

lunes, 2 de junio de 2014

Quién pudiera, bajo la noche que arrastra sábanas, reconocer otras manos y pasar desapercibido.

miércoles, 28 de mayo de 2014









lunes, 19 de mayo de 2014

En el 2007 fui invitado a participar de la Feria Internacional del Libro, en representación de la provincia de Santa Cruz. Lo primero que pensé, cuando recibí la noticia, fue en tres lugares que quería conocer en los dos días que iba a estar en Capital: el Monumental, la Plaza de Mayo y el lugar donde vivió sus últimos años Alejandra Pizarnik, el departamento de la calle Montevideo.

Recuerdo que partimos a las 11hs y a las 14.30 hs, estábamos en Aeroparque. Descansamos un rato y, en colectivo, fuimos al barrio de Núñez. Nunca me voy a olvidar de esa tarde, de esa primera impresión que suelen dejar los recuerdos. Parecía un nene, yendo y viniendo, tomando fotos por todos lados. La ciudad era inmensa y no conocía a nadie, eran todos rostros nuevos. Se ve más grande que en El Gráfico - fue lo primero que pensé al llegar al estadio. Compré unos regalitos para mis sobrinos en Rivermanía y luego, nos quedamos un rato en una plaza. En una plaza de Núñez, claro. Era mucho para tan pocas horas. Era como un sueño, el sueño del pibe.

Ayer, después de seis años, volvimos a salir campeones y disfruté tanto como en aquella tarde o como cuando jugaba todo el día a la pelota.
Ni bien terminó el partido llamé a mi sobrino-ahijado y su voz, entrecortada de la emoción, me terminó de quebrar. No era para menos; juntos habíamos sufrido el descenso. Nos dijimos cosas bellísimas, palabras que sólo dos hinchas de fútbol las pueden comprender. Creo que hay sentimientos que, de verdad, son inexplicables. Y gracias, Millo, por otra alegría.

lunes, 5 de mayo de 2014

La muerte de un padre se parece al viento de la noche: canta frente a una puerta que insiste en permanecer cerrada. Su recuerdo tiene el movimiento de los heridos por error. La muerte de un hermano, en cambio, es más luminosa. Se parece a un pájaro que nadie ve, pero al que todos regresan, allí, donde los niños inventan finales como flores.

jueves, 1 de mayo de 2014

Luchar por un mundo mejor, siempre