Lo que más recuerdo de esta época del año, con respecto a mis años de trabajo en el comercio, es el cansancio con el que terminaba. La gente, no sé ahora, compraba de manera compulsiva. Había algo así como una desesperación por los regalos, la comida. Recuerdo los autos mal estacionados, en doble fila, los bocinazos. Mucho ruido y yo ahí, con mis tarjetas de estacionamiento medido. No sé si todo eso, de alguna manera, hizo que mis Fiestas fueran así, austeras. Llegaba tan cansado a casa que lo único que deseaba era dormir y despertar al otro día para hacerle el asado a mi familia, pero esa, esa es otra historia.
