domingo, 22 de marzo de 2026

Un muchacho, que me compró El gato negro, me contó un chisme literario: poco antes de morir, Kafka le dejó unos cuentos inéditos a su amigo para resguardo. Le dijo que no los publicara, que no eran buenos. Lo primero que hizo el amigo, ni bien partió el bueno de Franz, fue ofrecer los cuentos a varias editoriales y, finalmente, los publicó. Las cosas que uno se viene a enterar, entre perfumes árabes y Los Charros de Lumaco sonando de fondo.