Hoy se cumplen veinte años del gran llamado, ese que me cambió la vida. Y ayer, muy temprano, me fui a pedalear por la Ruta 3. Estaba frío, muy frío. Había escarcha y estaba empezando a amanecer. Volví contento y, al pasar por la iglesia del barrio, estaba el padre Luis. Le pedí que nos diera la bendición: a la Cabrita del Viento y a mí. Volví conmovido a casa. Luego hice mi trabajo en la feria y charlé con mucha gente. A la noche, a pasitos del Museo del Tren, nos encontramos con Belén en una hermosa charla que compartimos con el público. Me gustaría detener esos momentos.
Gracias a todos los que nos estuvieron acompañando. Ojalá siempre haya nuevos caminos por descubrir.

