Buenos Aires, martes 6 de mayo de 2008. Montevideo 980, departamento C del séptimo piso, barrio de Recoleta. Voy camino al silencio, al lugar donde vivió mi amada Alejandra Pizarnik sus últimos 3 años. Tan lejos, tan cerca. Tantos años pensando en ella. Tantos días oscuros. No hay placa, ni recordatorio. Mejor así - pienso.
De aquí se fue la madrugada del 25 de septiembre de 1972. Aquí escribió. Aquí trabajó. En su Olivetti, en su mesa verde, en su pizarra. Aquí sus discos y sus libros. Aquí sus muñecas. Hablo con personas que dicen haberla conocido. Desconfío. ¿Habrá existido alguna vez? Busco. Pregunto. En el bar El Cisne no creen la historia que les cuento. Los mozos se ríen. Nadie la conoce. Hablo con el dueño y me invita a ir el fin de semana. Se juntan poetas – me dice. No me interesa.
Quiero entrar, pero me da miedo. La contemplo desde abajo. No lo puedo creer. Tomo una y otra foto. Voy y vuelvo. Sigo mi recorrido. Voy hasta el local de la Sociedad Argentina de Escritores, en Uruguay 1371. Lugar donde sus amigos despidieron sus restos. Al entrar me recibe una señora. Le digo que vengo del Sur, de Río Gallegos. Le pido entrar un rato. Me dice que pase. Me lleva al segundo piso. El lugar es diminuto. Respiro hondo. Quiero llorar. Al bajar, la misma mujer me habla de Alejandra. Me tiemblan las piernas. Le dejo un libro de regalo y salgo a la calle. Yo no sé de pájaros.
martes, 25 de septiembre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
viernes, 21 de septiembre de 2018
jueves, 20 de septiembre de 2018
sábado, 15 de septiembre de 2018
viernes, 14 de septiembre de 2018
jueves, 13 de septiembre de 2018
miércoles, 12 de septiembre de 2018
martes, 11 de septiembre de 2018
lunes, 10 de septiembre de 2018
domingo, 9 de septiembre de 2018
jueves, 30 de agosto de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
Mi amor por River se lo transmití a Norberto, uno de mis sobrinos (mi hermano le puso así por Pappo, pero yo le digo que fue por el Beto Alonso). El sábado pasado, mientras lo llevaba a la cena con Cavenaghi, le decía que disfrutara de ese momento histórico con su ídolo. Él me contaba que estaba nervioso, que no había podido dormir pensando en esa noche. Lo dejé en la puerta, y mientras se perdía entre banderas rojas y blancas, me miró con una sonrisa y me dijo: “Gracias por todo, tío. Aguante River”. Volví emocionado, casi al borde de las lágrimas. Ojalá nunca se terminaran esos momentos.
domingo, 26 de agosto de 2018
No hay nada más poético que escuchar a Lunita articular sus primeras palabras. Son sonidos puramente mágicos; sonidos que estremecen por su belleza y sencillez. Evidentemente, los niños están a favor de la idea de comunidad y en contra de todo individualismo. Por eso van por el mundo enseñando sus mejores juguetes, una ofrenda a quienes aún no pierden sus sueños.
El Carlos habló de los viajes a través de la estratosfera, la Cris de la diabetes y la clase alta, ahora al Mauri se le ocurrió lo de las veredas calientes en Santa Cruz. Así como va la cosa, el próximo presidente hablará de la línea de subte que une el barrio Bicentenario con el centro de la ciudad.
jueves, 23 de agosto de 2018
Mientras te escribo estas líneas, pienso que tu literatura - es decir - tu forma de vivir, viene de la tradición de los que escriben para conjurar la tristeza, para que el llanto pese menos. Para que el silencio duela menos.
En más de una oportunidad, nos hemos ido por las ramas hasta poder encontrar a los duendes, a los grillos que nadie ve. Nos entusiasmábamos tanto que era imposible no volver a la vida sin una sonrisa en los ojos. Teníamos el cielo y el infierno pegados en la cara.
Ahora, el sol de octubre (no el viento, la herida) abraza al que fuiste, al que sos, te invita a viajar y en tu viaje, todos somos un poquito menos cruel. Un poquito más humanos.
Te abrazo, desde todas mis muertes, y te espero siempre, para seguir charlando de fiuras, de traucos, de perros que cruzan los puentes a las 3 de la mañana.
Algún día, de tanto insistir, saldrán peces de colores.
En más de una oportunidad, nos hemos ido por las ramas hasta poder encontrar a los duendes, a los grillos que nadie ve. Nos entusiasmábamos tanto que era imposible no volver a la vida sin una sonrisa en los ojos. Teníamos el cielo y el infierno pegados en la cara.
Ahora, el sol de octubre (no el viento, la herida) abraza al que fuiste, al que sos, te invita a viajar y en tu viaje, todos somos un poquito menos cruel. Un poquito más humanos.
Te abrazo, desde todas mis muertes, y te espero siempre, para seguir charlando de fiuras, de traucos, de perros que cruzan los puentes a las 3 de la mañana.
Algún día, de tanto insistir, saldrán peces de colores.
miércoles, 22 de agosto de 2018
martes, 21 de agosto de 2018
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
