viernes, 31 de julio de 2020



Camino al ranchito del fin del mundo
Jueves 23 de julio de 2020

https://www.youtube.com/watch?v=ClQW6Hj1iqg

lunes, 20 de julio de 2020

Nuevo número de Ediciones Desmesura



Esta es la portada del último número de Ediciones Desmesura, hoja literaria que se publica y distribuye gratuitamente en Bariloche, Río Negro. Los grabados son de Nélida Aldrovandi. Un honor haber sido convocado para integrarla nuevamente. ¡Gracias, Javier!

viernes, 17 de julio de 2020

Mis caminatas por la costanera no tienen mucho que ver con paseos de distracción o cosas por el estilo. Ahí, al frente, hace más de 20 años encontraron el cuerpo de mi padre muerto. Ir a ese lugar es agradecer estar vivo, respirar el aire nuestro de cada día. Siempre estaré tocando el cielo.

jueves, 16 de julio de 2020

Estas últimas semanas han sido realmente frías, con temperaturas que han llegado a los 18 grados bajo cero. Dicen los especialistas que hace unos 20 años no se registraban temperaturas tan bajas. Yo recuerdo inviernos bravos, incluso más extremos que este. Los que trabajamos en la calle a fines de los ´90 sabemos que ir a Pepinos, después de la jornada, era como ir a la mismísima Tierra Santa.

miércoles, 15 de julio de 2020

Después de publicar Otros animales, en el invierno del 2014, no pensé que volvería a hacerlo. Sentí que con ese libro había tocado el techo en mi trabajo poético. Tampoco quería repetirme, no me gusta eso de andar robando. Por otro lado, y en la misma sintonía, haber reeditado Plegarias del humo el año pasado, me dio las fuerzas necesarias para terminar con los Gorriones, para darle ese toque final tan necesario. Gorriones de la noche, el eterno librito porchiano, es el libro que siempre quise escribir. Son intentos, lo sé, pero valen la pena.

martes, 14 de julio de 2020

Recomiendo Dímelo en la calle, un álbum de Joaquín Sabina. Lo compré cuando tenía 23 años y ahora que pasé los 40 me sigue pareciendo alucinante. No es el mejor disco del español pero, cada canción, tiene una tristeza tan intensa que, una vez que lo escucho, recuerdo a la chica que se peinaba a lo Pizarnik.

lunes, 13 de julio de 2020

El día que me entregaron el primer ejemplar de Sábanas de viento, fui hasta la Plaza San Martín y me quedé ahí, llorando de la emoción. No podía creer que mis poemas, al fin, tenían su lugar. La plaza, en esos años, fue un lugar esencial, de refugio. Cuando salía de trabajar, en la madrugada, me daba una vuelta. Pasar de los ruidos infernales de los palos de bowling a la quietud de la plaza era una experiencia, realmente, fascinante. Me quedaba un rato sentado y luego volvía al mundo, como canta Silvio.
Hoy se cumplen 14 años del gran llamado, y pienso que algo de mí quedó ahí, entre el murmullo que deja el viento y el hombre que señala el horizonte.

NOTA. La fotografía me la tomó un vecino, el día que fui a retirar los 500 ejemplares. El premio más lindo del mundo, le dije al querido Cablín. 

Lectura de poemas

https://www.youtube.com/watch?v=wxK2xcBmnRc

lunes, 6 de julio de 2020



Plaza San Martín, Río Gallegos
Domingo 5 de julio de 2020
Temperatura: 12 grados bajo cero

martes, 30 de junio de 2020

Poetas que amainan vientos


Sobre Gorriones en la noche, de Jorge Curinao


Un sábado de septiembre de 2008, mientras buceaba en una biblioteca familiar, alguien me alcanzó un libro. Me dijo “mirá, leé esto”. Abrí y busqué una página al azar. Leí

BAJO LOS PUENTES

Ahogarme en hábitos medievales,
bajo una carroza
dispar.

Qué hago tan solo
hablando con mi tercer silencio.[1]

El libro se llamaba Sábanas de viento, ganador del certamen “Mi primer libro” en 2006, y su autor era un tal Jorge Curinao, joven poeta riogalleguense a quien yo no conocía. Semanas después, sí, nos encontramos y charlamos sobre poesía y otras escrituras. Desde entonces, he seguido su trabajo como artista hasta su publicación más reciente, Gorriones de la noche (2020).

Los signos en la escritura de Jorge son la brevedad y la metáfora sobre lo cotidiano. A partir de esos ejes construye meticulosamente imágenes potentes que se van afinando más a medida que el poeta, con una delicada conciencia sobre su materia, las revisa una y otra vez hasta llegar al punto deseado. Escapa de los artificios retóricos porque entiende que la poesía es una de las tantas formas de la verdad. Dialoga con su pasado, lo interpela y lo desnuda sin condescendencias ni melancolías forzadas. A veces, los ojos que miran son los del niño asombrado ante la imprevisibilidad de la vida; otras, los del hombre que busca conjugar el tiempo en una línea incisiva. En cualquiera de los casos, la naturaleza de la escritura se cifra en la necesidad de convertir en pulso y papel lo inasible.

Gorriones de la noche[2], publicado por Remitente Patagonia a inicios de este año, es la síntesis de esta estética y al mismo tiempo el punto de llegada en el camino trazado por el poeta hacia la concisión, hacia la concentración de significaciones. Cuarenta poemas que proponen un viaje hacia la profundidad de la experiencia humana en clave de sencillez, en el que los sentidos trascienden la expresión y los versos se vuelven álamo, flor, mar, cielo. Un yo que se vuelve cuerpo y luego fragmento, una subjetividad que dialoga con la tradición poética más exquisita de nuestro continente, que asiste al espectáculo de la naturaleza humana y del amor como quien participa de un acto sagrado: todo ello sucede a medida que transitamos el derrotero propuesto por Curinao. Sobre la cabeza del poeta que mira y, al escribir, transforma, sobrevuelan como si fueran pájaros los signos del tiempo. O quizás sean pájaros; tal vez el poeta mismo acceda a esa metamorfosis y, consciente de su libertad, trascienda los límites de lo humano y lo terreno. En esta obra, la noche conjura la soledad y la convierte en recuerdos; el viento impulsa el movimiento creador y –cómplice- vuelve susurros los gritos, nidos las heridas. El mundo natural, de tan presente, se hace carne en el poema.

“A veces me toco el corazón para saber que soy yo y no los otros” (p.11)

“De mi corazón huyen pájaros que se estrellan contra su ventana” (p.16)

“Cambiar de lugar las palabras y el silencio. Arroparse con los sueños de una lámpara recién encendida. El que escribe amaina los vientos” (p. 34)

“Un hombre entra en la panadería y dice Qué vientito, eh, como queriendo decir Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!” (p. 41)

La poesía de Jorge Curinao construye puentes entre las experiencias individuales y las colectivas. Interpela nuestros sentidos y nuestra propia visión del mundo. Propone realidades que a veces, de tan crudas, desembocan en el silencio. Cautiva nuestra expectativa de lectores, porque cada nueva publicación es una promesa cumplida de calidad y de disfrute. Gorriones de la noche, en particular, nos lleva desde el primer momento a un lugar muy cálido: el arte de tapa representa ese primer trabajo del autor, el chico parapalos, que supo hacer poema la noche de humo y gritos del salón de bowling, en esa época en que los versos ya le latían en el pecho, al borde de la explosión. Cuenta él mismo que las paredes de ese lugar guardan no sólo los versos que escribía sobre ellas, sino también su llanto el día que, allí mismo, se enteró que Sábanas de viento había sido seleccionado para su publicación: “Y ahí me quedé, sentado en el piso, llorando, mientras miraba los nombres de otros parapalos, escritos en las paredes sucias. Los originales de Sábanas de viento están ahí, en esas paredes (…) Ese día, el destino me hizo un guiño, un hermoso guiño” .


Hoy, catorce años después de aquella llamada que marcó su vida para siempre, podemos asistir a la publicación de su sexto libro, que se suma además a las múltiples antologías, selecciones y sitios especiales que incluyen a este poeta como uno de los más representativos de Patagonia. Disfrutemos de ese decir tan singular con el que Jorge nos regala en cada nueva propuesta, seamos testigos cómplices de su manera de construir el mundo: la invitación está extendida.


Patricia Vega
Julio de 2020







[1] Curinao, Jorge; Sábanas de viento; Municipalidad de Río Gallegos, Programa “Mi primer libro”, Río Gallegos, 2006, p. 57
[2] Curinao Jorge; Gorriones de la noche; Remitente Patagonia; Trelew, 2020.

jueves, 25 de junio de 2020


Primera nevada del año en Río Gallegos,
Miércoles 24 de junio de 2020

viernes, 19 de junio de 2020

Sus ojos de arlequín, sus ojos de tristeza iluminando la noche, nuestra noche.

jueves, 18 de junio de 2020

Estoy más viejo, más tecno. No tan enroscado con dudas existenciales. Creo que todo lo que escribí valió la pena, al menos para mí.

miércoles, 17 de junio de 2020

No he perdido el optimismo ante el frío. Ayer, mientras deshielaba la canilla del rancho, me puse a cantar: "Cuando calienta el sol aquí en la playa".