Río Gallegos, Santa Cruz
Sábado 16 de abril de 2022
Para hablar del viento / habrá que convencer a los álamos de su existencia.
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Cómo no voy a querer al Pampa Larralde, si cada vez que canta: "sólo el viento me aturde y parece que me duebla y me aplasta vencido. Pero no han de secarse mis raíces mientras caiga un agüita erocío y un gorrión que precise mi sombra y un cachito de sol que sea mio" parece que me lo estuviera cantando a mí.
Hoy, en el día de la poesía, estaremos conversando con Mario Santillán. La entrevista saldrá a eso de las 10.40 hs por LU 14, Radio Provincia.
De todas las entrevistas que me hicieron a lo largo y ancho de estos años, una de mis preferidas es la que me hizo Miguel Auzoberría para su programa Patagonia Escrita. Me gusta, además, porque cada tanto la repiten en Canal 9 y siempre algún vecino del Bicentenario me cuenta que la vio. Hasta no hace mucho tiempo, el canal estatal era el único que llegaba por aquellos lares. "Mi vecino famoso", suelen decirme:
El año pasado, la poeta Sabrina Barrego junto a unos amigos, hicieron un hermoso trabajo sobre mi poesía para la revista La Intemperie, Mendoza. Si bien el audio está disponible en la Web, lo comparto por acá, con el agregado de la imagen del poema mientras sucede la lectura. Pasen y vean. Quedó bueníchimo.
Los poemas breves no admiten fisuras. Cada palabra debe ser irremplazable. Debe estar amurada, no decorada. Cada poema se une a otro hasta construir una casa. La lectura de esa realidad, necesariamente, dependerá de quien abra o cierre la puerta. Esas palabras hacen que la lluvia nunca nos termine de borrar. El poeta lo sabe.
Cierro los ojos y te recuerdo feliz en el escenario, junto a los pibes del barrio bailando, haciendo pogo. Esa noche me dedicaste una canción, dijiste algo como "por el aguante de siempre, negro". Te fuiste demasiado pronto de este mundo, hermano. Me pregunto qué estarías haciendo ahora; cómo te sentaría eso que llaman adultez. Te enojarías conmigo, seguramente. No quisieras hablar del pasado, de papá. Me dirías vigilante o algo así. No te gustaría que escuche a Silvio Rodríguez. Quizás tenías razón: nací viejo. Pero recordarte feliz, junto a los pibes del barrio, me hace bien.

“LOS ALAMOS CANTAN EN EL
VIENTO. ANTOLOGÍA (2006 - 2021)”
DE JORGE CURINAO. (*)
“Los
álamos cantan en el viento”, oportuna antología de la obra publicada hasta el
momento por Jorge Curinao, se encuentra enmarcada entre las palabras de otros
dos grandes poetas. Principia el libro un comentario de Juan Carlos Moises
llamado “Un arte de náufragos”, donde el bardo sarmientino desarrolla su visión
profunda de la poesía de Curinao. Una de sus frases dice: Cuando leemos sus poemas ya acabados y pulidos en la página, es como si
advirtiéramos que también están escritos los silencios, y no cualquier
silencio. Sus poemas proponen un lector activo. En la contratapa del volumen,
la escritora Liliana Campazzo, de Viedma, completa la presentación con un texto
cuya última oración afirma: Leer al poeta
Jorge Curinao es entrar en la sintonía fina del silencio, una luz que nos labra
para siempre en el corazón de la cabeza, la brevedad y el chispazo de la
palabra justa.
Juntas,
ambas frases definen, en cierto modo, la creación del santacruceño. Porque el
estilo poético del vate es breve, sí, pero de una brevedad extensa, de un
laconismo facundo, de una sencillez opulenta; que debe descubrirse. Pues lo que
ahorra en palabras, prodiga en ideas y emociones. Leer cada línea de Curinao es
abrir un recipiente lleno de pensamientos y sentimientos que sorprenden y hacen
reflexionar al lector.
El
volumen reúne fragmentos de los libros “Sábanas de viento” (2006), “Plegarias
del humo” (2009), “Cactus” (2010), “Nadando” (2012), “Otros animales” (2014); y
“Gorriones de la Noche” (2020). Tal vez algún comentarista encuentre en este
muestrario una variación de la poesía de Curinao a través del tiempo. Pero para
quien escribe estas líneas, la recopilación revela que, desde sus primeros
versos, el poeta se instaló firmemente y por derecho propio en el mundo de las
letras. Es cierto que entre las distintas obras algunas diferencias pueden
hallarse – por ejemplo, el recurso al poema en prosa más extenso que se ve en “Otros
animales”; o el minimalismo extremo de los “mono-versos” de “Gorriones de la
noche”- pero la gran calidad literaria se mantiene.
La antología
admite varias lecturas, y cada una, al enfocar una dimensión distinta, dará
lugar a comentarios diversos. En esta nota se apunta a una lectura orientada a detectar
en la creación la presencia de elementos patagónicos; que por lógica existen. Porque
Curinao, vecino de la muy austral ciudad de Río Gallegos, enmarcada entre la
meseta, la ría y el mar, es vitalmente sureño. Es inevitable que rasgos del
ambiente que lo rodea se inserten en su poesía; es ineludible que muchas veces
sus figuras, sus imágenes, sus tropos, revelen la pertenencia a esa tierra. Y está
bien que sea así, porque la presencia del terruño, latebrosa, tácita más que explícita,
habla de la autenticidad de los impulsos que originan su poesía. En busca de ejemplos
puede hacerse un breve repaso de sus páginas:
En
“Sábanas de viento”, el verso “Caminos” (Bajo
la tierra / los mineros iluminan los caminos), más allá de su metáfora, trae
el recuerdo de las oquedades carboníferas de Río Turbio. En “Plegarias del
humo”, el poema “Sur” (Para hablar/ del
viento / habrá / que convencer / a los álamos / de su existencia) deja
entrever, junto a su construcción paradójica, el paisaje sureño. En “Cactus”,
aun cuando se trate de desiertos metafóricos, las líneas Me acuerdo saliendo por los desiertos / y encontrando rostros que no
eran míos / rostros que no fui, del poema - más extenso que lo habitual -
“Balada del buey solo”, remiten, inevitablemente, al erial mesetario. En “Nadando”
vuelve a hacerse presente el viento que nos
recuerda que la soledad es cosa seria. En “Otros animales”, la breve
referencia a la nieve (Dicen que la nieve
es neutra, que la noche canta como un niño ahogado…) alude a un fenómeno común
de la zona. Por fin, en “Gorriones de la Noche”, el verso De noche el viento se detiene. Un perro que ladra inventa el desierto,
combina elementos afines a la región… y al mundo íntimo y personal del autor.
Como
se ve, no es el lugar una presencia nítida; sino apenas una intuición. Sin
embargo, aun en una síntesis de la obra de Curinao como resulta ser esta
antología, se adivina la comunión del escritor con su sitio en el mundo.
La
cuidada edición de Espacio Hudson, habitual en las publicaciones de esa casa
editora, lleva en la tapa diseñada por Alejandro Mezzano una imagen que conjuga
el tronco del álamo con una copa formada por bocinas metálicas. La figura
sugiere la música del viento; y es eficaz reclamo para atraer la atención del
lector hacia esta antología, que le permitirá conocer a uno de los exponentes
más importantes de la Literatura Patagónica actual. Es posible que esta lectura
introductoria tiente al iniciado para buscar y leer cada uno de los libros de
donde se tomaron los poemas. En tal caso, además de disfrutar de la poesía que
presentan sus páginas, podrá formarse una idea de la riqueza de las letras
regionales que, día a día, se integran más al panorama nacional; gracias a
obras como la que aquí se intentó, con más voluntad que pericia, comentar.
(*) “Los álamos cantan en el
viento”. Curinao, Jorge. (Rada Tilly, Espacio Hudson, 2021)
Solíamos quedarnos mucho tiempo, junto a mi hermano,
esperando que bajara del colectivo que lo traía del trabajo. Fueron días y
semanas así, con ese nudo en la garganta. Tenía 8 años y escribía en mi diario,
le escribía a dios. Le pedía que me devolviera a mi papá. Un día como hoy, pero
hace 34 años, encontraron su cuerpo sin vida a orillas del mar. Mi hermano
también se fue joven de este mundo.
El viento insoportable
de noviembre nunca me ha traído respuestas, al contrario. Quizás por eso sigo escribiendo poemas, para reconciliarme con la vida que no tuve y que tanto me ha faltado.
... con una foto del 2000, en Comodoro Rivadavia, con el gran Marcelo Tommy Moya, histórico manager y colaborador de la trilogía metalera argentina: V8, Hermética y Almafuerte.
Gracias a los que siguen pasando por aquí, a los que se toman el trabajo de escribir sobre mis librillos, a los que difunden y ponen su voz a mis poemas.
A modo de festejo, les comparto este hermoso trabajo:
https://www.youtube.com/watch?v=yTNOzBRbquU
No hablaré de la muerte, no. No hay que mencionarla, por si las moscas. Hablaré de esos días, cuando estaba terminando de levantar mi casita en medio de la nada. Aun sin estar puesto el piso, me gustaba ir a escuchar música, ponerme a bailar. La cal y el cemento hacían que se formara una nube con mis pseudos pasos de baile. La di por terminada el mismo día que fueron a conectar la luz. Fueron casi 10 años de mucho trabajo, de pensar que nunca la iba a terminar. Mi festejo, como suelo hacer cuando estoy contento, fue comer una manzana roja, justo ahí, en el corazón de la nada misma.
Comparto con ustedes uno de los regalos más lindos que me han hecho. Muchas gracias a todos los que participaron, especialmente a Sabrina.